La palabra leida - Otra vez el angel



TODOS TENEMOS UN ANGEL DISPUESTO A SALVARNOS EN EL MOMENTO EXACTO!   
DE ESO SE TRATA LA VIDA , DARNOS CUENTA Y NO RECHAZARLO





El 4 de octubre presentó su libro "Otra vez el ángel - Corazón con alas". Se refirió a su obra la escritora Susana De Santis y leyó uno de los cuentos la escritora Mayoral Pastora. Se dio fin a la velada con danzas árabes y un cantante de folklore.






susana de santis, oro gris y mayoral pastora.



El milagro

 

Lo conoció justo cuando los últimos años de juventud se aceleraban y su lozanía era como el durazno maduro, que al saborearlo puede ser más jugoso. En cambio él, era una mezcla de ángel y músculo denso y nuevo. Su corazón con alas intentaba volar por encima de su coraza de mujer, que marcaba las distancias, que el tiempo le otorgaba.

Ángel, como su nombre... Rosario tenía miedo de quitarle su frescura, de manchar su pureza, de lastimar su ilusión y su inocencia. ¡Bendito sea! ¿En qué  momento se nos cruza un ángel? Yo lo sé... Justo cuando lo necesitamos. Es así.

Aquella tarde tibia de noviembre, con sus pasos cansados, al volver del trabajo, cargada de carpetas, rodaba una lágrima salada por su mejilla. Meditaba cuánto hacía que un hombre no rodeaba su hombro, no enlazaba su cintura. No lo vio... Sintió el golpe y las carpetas de la oficina donde trabajaba, que llevaba para terminar el trabajo en su casa, se le cayeron de las manos.

Lo miró, sintió como que una luz difusa marcaba su entorno de muchacho feliz. Él la miró y dolió la pena que vio en los ojos de ella. Ángel le observó las lágrimas, la tristeza de su rostro.

Entonces un dedo tibio pasó por su mejilla, secando la perla que caía. Dijo con asombro:

-¿Una perla en estos tiempos? ¡Algo tan valioso no se desperdicia! – entonces puso ese mismo dedo en su lengua. Ella sonrió.

-¡Asqueroso! – exclamó. Éste le contestó:

-Sí, llorabas sin que nadie te mirara, sola con tus pensamientos. ¡Es porque esa perla es auténtica! Vale la pena.

-¿Y quién la vería? – dijo apenada Rosario – ya nadie acusa mi pena.

-¿Vos qué sabés? Las uvas maduras y rosadas de la casa de mis padres fueron las más deliciosas que probé en mi vida. Bajo la sombra de ese parral me crié. La vid que degustaba en ese tiempo es un sabor que jamás olvidaré. ¿Sirve la comparación?

 

Ángel, dulce como esas uvas, le dio los mejores años de su vida. Soñó que era sueño esa alegría y su amor fue el mejor de todos. A pesar de la diferencia de años, la desbordó de felicidad.

Entraron al amor como en un bosque al atardecer. Entre misterios por develar, el miedo se agazapaba y tomaba perfume de aventura y coraje. La vida. luego, es una alegría retenida en los músculos y la piel y la boca. La sangre corre caliente en torrente tumultuoso. Había un aroma a dos, a besos, a sábanas ajadas, que se retiene en el aire y respira placer.

Nada se parece a lo que se siente en ese momento, cuando al amor te lo ofrecen con extrema pureza. ¿Por qué nos negamos a creer que algo pueda durar para siempre? ¿Porque es tan bello? ¿Porque no creemos merecerlo o por absoluta cobardía?

Rosario lo pensó. Aún se veía hermosa, no quería dejarle a aquel muchacho, su ángel, una mujer llena de arrugas, vieja o cansada. Aceptó disfrutar su amor. Eso estuvo bien, pero él tenía diez años menos que ella. Tal vez pronto conocería a una chica de su edad y la olvidaría. Ella no podría soportar su abandono... A sus cuarenta y cinco años le dolían los dolores por venir. Los diez años que él le regaló se los agradecería como un regalo de Dios.

Decidió retirarse a tiempo, antes que el amor de él decayera, como las actrices de antes, que no filmaban más cuando comenzaban las arrugas; así dejaban una buena imagen en el público. Se diluían envueltas en misterio e incluso nadie sabía donde vivían. Eran tiempos sin cirugías.

A pesar de su firme decisión, Rosario se sentía como antes de conocerlo. Su soledad dolía más, sentía el peso de su existencia vacía, no se podía concentrar en sus tareas. Después de amar y ser tan amada, casi hasta respirar la agotaba. Aun oía cuando Ángel  le suplicaba que no lo dejara, que le creyera, que lo de él era para siempre. Que ¿quién le dijo que los que tenían edades parecidas tenían asegurado el porvenir? ¿O que eran más felices?

Aquel muchacho le dejó su corazón, lo dibujó con rojo sangre; lo mojó con sus lágrimas y, al secarse éstas, se transformaron en dos blancas alas, rodeando ese corazón. Lo miraba en las noches y se decía:

-Con ellas vuelo hacia ti, amor, y en mis noches oscuras de soledad, por la ventana abierta veo tu rostro que me grita: “¡Es mentira que ya no te amo! El amor no tiene edad. Quién te dice que yo no te necesite más que vos a mí. ¡Soy yo el que me estoy muriendo sin tu amor!”

Si pudiese creerle, si se rompieran todos los espejos y el azogue no le mostrase el paso del tiempo... Si el bello rostro de Ángel no dibujase en sus ojos tanto amor. Si pudiese creer que era cierto.

Corrió a comprar uvas. Eran las doce de la noche. Año Nuevo... Tragó doce, hasta atorarse. El milagro se cumplía una vez más. Su rostro revivía y él, él, su amor, al doblar la esquina la esperaba, Una perla había en su rostro. Le pasó su dedo nuevo de milagros, untó su boca con las lágrimas. Ángel le dijo:

-¡Asquerosa! – ella le contestó:

-No. ¡Cuánta razón tenías! Las uvas maduras tienen mejor sabor... El muchacho batió sus alas y juntos, los dos, unidos por el amor se fueron.

Allá viven, hasta que Dios les diga “Basta”; allá en su casa de campo donde, bajo la parra, suelen tomar mate y conversar. De nuevo sus músculos se tensan, la vida es piel y besos, amor sin prejuicios ni fronteras, dulce manera de saber que se puede todo con ternura, se ve al otro como se desea verlo. Sólo es el amor el milagro.

La sombra de la parra los protege, mientras las uvas mágicas nacen y vuelven a nacer.

                                                                          oro gris

Primer cuento de este libro, que nos muestra como todos tenemos un angel, que suele cruzarse en el camino en diferentes formas humanas, ojala puedan reconocerlo, pues ha sido puesto en el momento exacto, como paracaidista en medio de nuestro desierto de penas, para salvarnos!!! 



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